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24 de octubre de 2020

Fue la estrategia

El río de tinta sigue corriendo tratando de “explicar” el resultado electoral del pasado 18 de octubre en Bolivia, sin duda cargado de sorpresa incluso para los hoy ganadores.

En este ensayo, argumento que fue la estrategia electoral el principal factor de la victoria del MAS. Una victoria labrada con acciones tácticas sobre diversos segmentos, una expansión territorial bien trabajada, un efecto "tijera" sobre Mesa y una cadena de sucesos que fueron arrinconando a los oponentes en una polarización autodestructiva en Santa Cruz y le fueron dejando el campo libre al MAS. 

Por su extensión, comparto una versión del ensayo que sigue más abajo en vídeo:


El rediseño de la campaña

Una de las cuestiones estratégicas de arranque en cualquier campaña es la conformación de la oferta electoral, salvo que en este caso tendríamos que ver un “rediseño[i]”, pues las fuerzas en contienda llevan casi 2 años en campaña.

Paramos por el Movimiento al Socialismo (MAS), que tuvo una candidatura prolija, equilibrada y con potencia expansiva en Luis Arce y David Choquehuanca. Ofrece a su primer núcleo electoral perfiles bastante equilibrados. Campo / ciudad, identidad (de “izquierda” e indígena) / perfil profesional, humildad / condiciones para gestionar la crisis. Un binomio eminentemente de “tierras altas” que además, como se verá, consolida y expande su núcleo desde occidente.

Comunidad ciudadana (CC), insistió en un binomio que el desenlace final nos demuestra fue desequilibrado y estático, aunque más diría cansado, agotado una larguísima campaña. Carlos Mesa es perfil conocido, sí, aunque percibido por varios segmentos como la expresión de élite seguido de Gustavo Pedraza un perfil cruceño, técnico y sensato, pero que en sí mismo no generó la empatía que el reto exigía, ni con su núcleo territorial menos con los blancos expansivos en Oriente.

Disclaimer ético, decirlo después de las elecciones podría percibirse deshonesto, pero este análisis lo compartí con una persona del equipo de CC antes de la campaña, allí por mayo o junio.

Chi Hyun Chung, entra a la campaña errático, siguió y terminó errático, hay tan poco que decir, que muy probablemente ni conoce a Salvador Pito, su acompañante de fórmula. El FPV intenta trasladar los factores “sorpresa” de Chi del 2019 de manera automática al 2020. Estudios cualitativos de mayor profundidad nos podrían indicar si el voto “religioso” de Chi se fue a Camacho, aunque mi intuición es “retornaron” al MAS.

Creemos, una alianza que surge del “pitismo” más radical y triunfalista, presenta a Luis Camacho y Marco Pumari, desde un punto de vista técnico, podría verse como una candidatura posible en la coyuntura (mas no necesariamente en la estructura). Con un líder desprolijo, “gelatinoso” ante la economía, la comprensión de lo plurinacional o aspectos programáticos, Creemos conecta al 21F, los 21 días y el liderazgo cívico, reequilibra oriente-occidente, fuertes rasgos identitarios y generacionales, tiene una base cívica cruceña y (supuestamente) potosina que le permitía pensar en una disputa de las emociones y los sentidos populares urbanos. Pero luego, como veremos, entra en una serie de conflictos y paradojas.

Los segmentos

La campaña arranca con esta hipótesis: 4 de 10 vota por el MAS cerrado, 6 de 10 se ha distanciado, mientras que el 70% de los votantes está en las ciudades.

Los resultados, claramente, nos muestran una realidad distinta. Pero, ojo, no compre tan fácil la tortilla del otro lado (tipo, “6 de 10 por el MAS, 4 de 10 por la derecha”).

A la escasa luz de las encuestas y la irrefutable realidad de los resultados, podemos observar al menos cuatro segmentos electorales[ii] de votación:

El MAS tuvo, tiene y probablemente seguirá teniendo un 27-33% del electorado como núcleo, población rural y periurbana, que irradia desde la capital del Altiplano: El Alto. Muy afincada en su identidad, cultura y valores ya alineados al MAS, también vinculados por práctica, pertenencia y relaciones clientelares y de poder.

En el extremo al anterior, un 15% militantemente anti-MAS (aunque no le pertenece, pudo estar en Añez o Tuto), de valores criollo-liberales y que se dividió en 2, una parte fue a Camacho fundamentalmente en Santa Cruz, y otra parte a Mesa, con el “voto útil”.

Un tercer segmento urbano, que vive en la ciudad La Paz, Ciudad Satélite en El Alto, en los centros más blanco-mestizos de Cochabamba, Sucre, Potosí, existente también en urbes de Santa Cruz aunque absorbido en votación por las otras fuerzas y en algunas ciudades más, que es más liberal-democrático, incluso quizá cercano a matices progresistas, pero distanciado –quizá de manera definitiva - del MAS. Privilegia el discurso de las garantías y derechos al tiempo que se demuestra incapaz –o imposibilitado- de romper con relatos, emociones y posiciones coloniales y de privilegio. Un 12-14% que podría concebirse como el “núcleo” de Mesa, no se ve jamás cerca de Camacho o Añez, pero una parte oculta, no sabemos cuánto, votó por el MAS. La economía, la estabilidad, el miedo al bloqueo… variables emocionales que operaron.

Pero vean, la polaridad ni el espectro se completa aquí, no llegamos a cubrir más del 55-60%, ¿dónde está el resto? Bueno, un 10% o no vota porque no quiere, no pudo o lo hace en blanco, nulo o por fuerzas menores. Así que nos quedaría cerca de un 35-40%.

Este es el segmento que se disputó en la campaña. Un amplio segmento heterogéneo, abigarrado, contradictorio y volátil que para caracterizar y capturar habría que hacer una microsegmentación. Esta gente votó, en buena cuenta, por el MAS, aunque también por Camacho en Santa Cruz, Beni y Pando (pesa menos estos 2 departamentos por su baja población, pero proporcionalmente no es despreciable).

¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Qué esperan? ¿Qué aspiran? El resultado nos indica que Creemos lo estudió e intentó captar, el MAS lo entendió y aprovechó, pero CC no lo logró, ya sea porque CC no lo estudió bien, o porque no quiso hacerlo, o porque no pudo.

Se trata de la clase media emergente, presente en todo el país sobre todo en las ciudades capitales y las otras 15 del país, desasociada de los clivajes políticos y del juego discursivo, no le interesa la defensa militante de un partido, no le va a cambiar en nada, pero es sensible a las emociones, a los códigos sociales, a las reacciones de la coyuntura y a los miedos por la fragilidad económica de saberse “clase media vulnerable”.

Ladera este de La Paz, Bolivia. Foto: Pablo Andrés Rivero

CC creyó que este segmento estaba con ellos, una buena parte entendía a Mesa y los pilares discursivos de la campaña e incluso pudo haber votado el 2019 por él, pero pareciera que en el curso de la campaña, como veremos a continuación, lo abandonaron. Quizá lo agregó de manera automática y errada a su núcleo, no lo sabemos, pero jamás fue parte activa de la campaña, no se emocionó con ella, no tomó el control de sus barrios, sus plazas, siguió un poquito de largo.

Creemos estudió este segmento en su territorio y capturó una parte, exacerbando el discurso regional.

De este segmento diverso, en mi criterio, 2/3 se decantaron por el MAS, una fracción se mantuvo por Mesa en el resto del país por la otra Camacho exclusivamente en Santa Cruz. Un voto desde 3 variables: identidad, miedo/odio, expectativas económicas.

El curso de la campaña

Las campañas no se pueden diseñar desde el escenario ideal, sino desde lo material y lo posible: parte de las fortalezas y debilidades de los candidatos, sus rasgos personales y de liderazgo y las condiciones materiales reales de expansión.

A partir de aquí me concentraré en las 3 fuerzas que terminan disputando el discurso, las certezas y los escaños.

El MAS se jugó por una estrategia de campaña territorial pero bien segmentada por al menos 4 núcleos: identitario occidental (Altiplano, irradiando desde El Alto), urbano “izquierda” emocionalmente convencido del “gobierno de facto y nefasto” de Añez aunque dudoso del efecto “Evo Morales”, rural en valles/trópico, urbano mestizo-popular afectado por la crisis.

Por otro lado, ya a la luz de los resultados oficiales, podemos ver un curso errático de CC. Mesa partió de un núcleo “21F”, urbano, clase media y afincado en discurso “anti Evo” en algunas capitales de occidente y que empieza a expandirse hacia el sur. Con la bajada de la candidatura de Añez, todo indicaba que “la caballería tenía que marchar” al oriente, mientras las encuestas indicaban –al menos eso se nos decía- que el núcleo más sólido se expandía hacia ciudades intermedias y sectores más populares.

Aquí es donde la hipótesis falla o nunca se materializa.

Entonces, Creemos lee estas “fisuras” de Mesa y toma una decisión: parapetarse en el núcleo, polarizar con Mesa –pues la ecuación “Evo y 14 años” no está en cuestión en su núcleo- y resignar el proyecto nacional, muy probablemente sabiendo que no tiene opciones, para empujar un poder local, fuertemente basado en identidad, exacerbando el racismo y con una construcción discursiva radical desde el liberalismo de mercado, la homogeneización de “lo cruceño” y el conservadurismo religioso-cultural.

Pero la “caballería” de Mesa es en realidad “una fuerza aérea” blanda: intenta desplegar su fuerza narrativa y persuasiva desde los medios masivos y desde las redes sociales, especialmente por Facebook (aunque no tengo evidencia de una segmentación de blancos y mensajes por esa plataforma social en internet), al tiempo que renuncia de la capacidad expansiva territorial. Se nos decía –porque uno no puede tener elementos desde adentro del equipo de campaña para analizarlo- que los estudios de segmentos indicaban que el “anti-MAS” operaba en la fórmula: 60 en contra / 40 a favor.

La disputa narrativa que Mesa desplegó en los medios estuvo anclada, hoy sabemos estancada, en “no MAS corrupción”, “no más Evo”, no más… Este eje discursivo, que en apariencia conectaba con el 21F, el fraude de 2019 y los conflictos de agosto podría haber funcionado hasta el foro y el debate presidencial, aunque terminó siendo una burbuja no más allá del núcleo.

Pero además hay que precisar una movida táctica del MAS. Inventó un “foro” sobre economía, con un show manipulado por la FAM y ATB –en Twitter comenté, una cena servida con “la llajwa según el comensal”- pero que podría haber sido un hito en un tema determinante para una enorme cantidad de personas de voto blando o pendular: la economía, la crisis, el estómago.

En la antesala a la “recta final” de la campaña, Añez, luego Quiroga, bajan sus respectivas candidaturas. En apariencia un factor de concentración del voto que agregaría. Lo hizo en parte, el núcleo de Añez y el marginal de Quiroga migraron a Mesa, quizá algún goteo a Camacho, pero paradójicamente alejó a una mayor cantidad de votantes, porque CC termina arrastrándose “hacia la derecha”, Mesa no atacó más al gobierno de Añez, la campaña de CC no fue contundente contra el racismo que crecía, recibió respaldos sorprendentes y ciertamente nada contributivos (como del ministro Murillo o incluso la RJC) lo que levantó sensación de “juntucha, mega coalición de derecha…” ¿Se acuerdan del embajador Rocha? Bueno.

¿Mesa debió distanciarse? ¿Mesa debió dejar claro que esos actores no representaban su candidatura y sus valores? Hoy podríamos decir que “tal vez sí”, pero en ese momento fue complicado, un dilema. Por un lado, si lo hacía, se “izquierdeaba” porque Creemos lo polarizaba de manera descarnada y arriesgaba su apuesta cruceña, por otro lado ya era tarde para volver al núcleo y disputar el sentido de “progresismo liberal de centro” en Occidente. Con todo jugado hacia Santa Cruz, ya la suerte estaba echada. CC confió en el aire de los medios y las redes, pero no fue más que humo.

En la recta final, Camacho -¿Walter Chávez?- “retiene” a Mesa en Santa Cruz, dejando demasiados flancos débiles en todo el país. Un efecto "tijera" sobre el segundo. 

No podemos olvidar en ningún momento que la pandemia. Mesa optó, quizá por condiciones personales (riesgo de contacto u otros no sabidos) y de táctica discursiva, por no desplegarse territorialmente y dejó a su estructura que operara a nivel local. Quizá sin fondos, quizá sin las ideas correctas, quizá sin los perfiles para eso (salvo algunas figuras jóvenes, pero que igual se quedaron en sus teléfonos móviles más que en las calles), el despliegue territorial jamás ocurrió. Ya hablaré de ello en breve.

Nótese el gran vacío de referencia a qué estaba haciendo Arce. No es casual. Arce-Choquehuanca se movieron por todo el país, asistieron a muchas entrevistas bien trabajadas en medios “amigos”, fueron humildes ante “medios hostiles”, mantuvieron despliegue territorial asumiendo el riesgo de la COVID-19 y aparecieron en momentos y circunstancias precisas, tácticamente definidas. Operaron códigos emotivos, con la guitarra, las canciones “del pueblo”, “de la izquierda” y hasta el Jacha Uru, un artilugio en el buen sentido.

Y la economía, la estabilidad. Esa categoría que a Evo le funcionó a medias el 2019, fue sustantiva para generar certezas en segmentos volátiles. No descarto tampoco la asociación-miedo al bloqueo, como una operación simbólica discursiva que atrajo, por “chantaje”, una cierta proporción del voto en busca de la “estabilidad”.


Las “redes”

Este tema amerita un tratamiento propio y más exhaustivo, aquí solo dejaré algunos pincelazos de este ámbito crucial en la disputa electoral[iii]. La larga campaña se reanuda en agosto, en medio de los bloqueos y saliendo de la peor parte de la pandemia en el país. La hipótesis de desplegar “aire” por las redes no era incorrecta, aunque fue demasiado sobredimensionada, como todo lo digital.

Primero, entendamos, la gran mayoría de la gente usa 2 aplicaciones: WhatsApp y Facebook, ambas son terreno perfecto para las burbujas sociales y las cámaras de eco, fenómenos sociales de encapsulamiento de las ideas y sensación de amplificación ilusoria. WhatsApp mueve millones de mensajes, fotos, vídeos en segundos pero todos, o casi todos, en grupos “entre iguales”. Facebook, a su vez, despliega posts en función del algoritmo individualizado que cada persona alimenta con sus likes, sus clics y su comportamiento digital, por tanto, en sencillo, ve lo que quiere o lo que su algoritmo le dice que es la realidad.

Por supuesto que la desinformación, las noticias falsas, fluyen descontroladamente por estos canales, más por WhatsApp, lo que erosiona la confianza sobre la evidencia o las posiciones matizadas y alienta las posiciones radicales y de odio -de nuevo, racismo y discriminación, que agrupa al voto volátil más cercano al MAS.

Hay muchos estudios sobre las cámaras de eco y la erosión del debate público desde las redes sociales. Pero en la campaña misma, esta fuerza descontrolada atacó más a Mesa que a cualquier otro candidato, que intentó sopesar con propaganda pagada y medios, pero las noticias falsas impactan más rápida y destructivamente.

El desenlace

Bueno, ya se conoce el resultado, pero analicemos un poco más qué nos deja la campaña:

La hipótesis de la concentración del voto, que yo mismo reforcé, se mantiene. Veamos el resultado final: 84% del voto válido va a los 2 primeros, solo que el factor de concentración operó a favor del MAS. Total error mío de predicción. Aunque, si sirve de descargo, el insumo orientador, las encuestas, han fallado nuevamente. Probablemente pueda decirse que fue por la pandemia y la incapacidad de levantar información presencial, o quizá el sesgo no sea la encuesta, sino la información que se nos presentó y todo lo que se nos ocultó.

Comunidad Ciudadana, irónicamente, fue una campaña poco ciudadana, no le alcanzó el combustible tras años, literalmente, de campaña. No entregó la campaña a la creatividad, a las personas, a las clases medias líquidas. CC insistió por una candidatura moralmente correcta, políticamente inocua para los segmentos populares, encapsulada en ropas casuales y camisa desabotonada, en un entorno blancoide y virtual, un holograma.

Choquehuanca es el candidato vicepresidencial que más aporta con votos materiales. Ni Pedraza, menos Pumari, ni menos el resto consiguen ese complemento electoral. Territorialmente, algunas figuras locales operan para sus respectivas alianzas electorales, pero el resultado en general es marginal, en el agregado el MAS sostiene su -¿invencible?- fuerza territorial desplegada en todo el país.

Además del discurso y los factores políticos, por ejemplo muy bien analizados por el artículo de Pablo Solón, el resultado y el análisis nos revelarían que el rigor técnico estuvo del lado del MAS, con estudios, análisis y movimientos certeros, Camacho tuvo disciplina táctica, se mantuvo en el curso planteado para sí –no para que el MAS pierda, eso debería quedar claro-, mientras que Mesa cerró una campaña a ciegas, envuelto, casi que atrapado por sus oponentes y las circunstancias.

Evo Morales fue un factor electoral variable. Sirvió para apuntalar los núcleos, pero la relativa distancia mediática y la ausencia física en el país le permitió a ambos candidatos del MAS hablar más de sí mismos, de su propuesta, de sus certezas y de los “errores” del pasado. Todo esto, claro, favorecido por ser una oposición perseguida y arrinconada a un gobierno de gestión desastrosa, que superó en pocos meses el imaginario de los “14 años”.

El voto no permite saber qué pasó con los jóvenes, estudios poselectorales nos podrían dar luces, aunque intuyo que la apatía, el poco protagonismo, el encierro por la pandemia los desmovilizó y los decantó por el MAS.

Tengo dudas que el 55% del país haya votado con “conciencia de clase”, “militancia socialista” u otros clichés que hoy se reproducen desde la fuerza victoriosa. La concentración final del voto está en ese segmento diverso, popular y clase media emergente, más cercano al mercado informal, a las decisiones prácticas y las emociones populares, más que afincadas en las posturas ideológicas. Pienso que el rigor y las cuestiones tácticas triunfaron en una campaña de las más estratégicas de las últimas décadas.

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