17 de agosto de 2017

#ElectroGob: conversación sobre gobierno electrónico en Bolivia


La Escuela de gestión pública plurinacional (EGPP) me invitó a participar como facilitador en la quinta versión del diplomado de Gobierno electrónico y gestión pública.

Estos cursos están orientados sobre todo a funcionarios públicos que en breve tendrán que impulsar la implementación del plan de gobierno electrónico en Bolivia impulsado por distintas instancias públicas desde el COPLUTIC.

Mi propuesta fue transmitir e internalizar que un gobierno abierto, transparente eficaz -y electrónico- es, sobre todo, un derecho ciudadano y un deber del Estado. Con este lente, reflexionamos en colectivo y desarrollamos ideas para implementar cambios en la gestión pública.


Convengamos que camino es aún largo, todavía hay mucho por incorporar hacia un gobierno abierto y basado en Software libre aunque destaco que casi todas las propuestas de los estudiantes de este diplomado fueron creativas y pensadas en responder a problemas o necesidades concretas.

Es destacable que plantearon sus proyectos con criterios de replicabilidad, interoperabilidad entre instituciones públicas, viabilidad de procesos en marcha y un análisis de las posibilidades de conectarse con públicos/audiencias definidas.


De ejercicio en redes sociales salió #ElectroGob (también en Facebook), un hashtag sugerido por dos estudiantes para motivar la conversación y compartir las ideas de sus trabajos. Nos faltó tiempo, así son los procesos rígidos de diplomados, aunque me gustó mucho la idea de poder continuar discutiendo sobre gobierno electrónico en Bolivia con ese hashtag: #ElectroGob (suena más a fiesta electrónica pero le da un toque de frescura).

He posteado ya algunos textos relevantes al tema con #ElectroGob y espero que podamos seguir la conversación, ¿te sumas?


9 de agosto de 2017

WhatsApp en aymara


Pollera celeste, vistosa manta rosada, trenza impecable, veintitantos. Móvil Samsung en las manos y manos libres de la misma marca en los oídos. 8:10 am de un día laboral en la zona sur de La Paz, junto a ella unas 9 personas vamos rumbo al centro en minibus de alguna marca china. 

Ella va sentada en esos asientos plegables que tan ingeniosamente los minibuseros en La Paz inventaron hace ya décadas (y nada parece que los vaya a amenazar) para cargar más gente. Yo voy en el asiento justo delante suyo.

Como si el manos libres incluyera una cápsula de aislamiento, la mujer no para de hablar en tono muy alto y no parece importarle. La conversación telefónica capta mi atención por el asunto y la forma: en un aymara mezclado (no sé si decir aymañol, aunque era muy evidente la búsqueda de términos y frases entre aymara y español) la mujer habla con intensidad sobre WhatsApp.  

La enérgica pasajera comenta sobre el envío de fotos y mensajes, así como las dificultades por adjuntar archivos y otras opciones para ella avanzadas de WhatsApp (todo lo hilvano o intuyo, de nuevo, por las mezclas de palabras e idiomas). 

WhatsApp / iOS
foto: Microsiervos
WhatsApp, esa plataforma de mensajería, llamadas y envío de archivos, está intermediando cada vez más la vida de las y los bolivianos. De las 7 millones de personas en Bolivia acceden a Internet (datos ATT), el 93% de la población mayor de 14 años tiene un aparato celular, el 95% de la población que accede a Internet tiene conexión en su celular y el 91% usa WhatsApp, todo lo anterior según recientes datos de la AGETIC (Agencia de gobierno electrónico y Tecnologías de información y comunicación).

Volviendo a la conversación de la pasajera, no llegué a escuchar su desenlace, tuve que bajarme antes que ella, aunque la anecdótica intromisión involuntaria me lleva a comentar algunos aspectos que debieran ser centrales en la discusión sobre tecnologías en Bolivia.

Con el personaje que abre este post no busco estereotipar o reproducir estigmas, al contrario, celebro que una mujer indígena hoy pueda hablar como le dé la gana en un transporte urbano, en su idioma, con un aparato tecnológico y sobre tecnología, algo negado o restringido hasta hace pocos años. El punto es que la tecnología no es neutra. Si bien las personas somos las que la adoptamos, le damos uso y atribuimos valor, ésta viene cargada de pre-definiciones, valores, riesgos. 

foto: unboliviable.tumblr.com
WhatsApp ha penetrado de manera arrolladora en Bolivia porque multiplica la posibilidad (es más barato comprar megas que gastar en llamadas) comunicación entre familias, amistades, colegas, clientes y relaciones de todo tipo. Eso sí, como casi todas las aplicaciones y redes sociales en Internet, huasap se concibe en inglés y para mercados angloparlantes. Si bien la expansión de estas empresas está en mercados emergentes, como el nuestro, hay códigos y conceptos que se "traducen", es decir, a los cuales nos tenemos que adaptar y consumir sin derecho a reclamo.

Es cierto, resulta atractivo e incluso "rentable" el uso de estas tecnologías aunque implique ceder a favor de una de las mayores corporaciones del planeta (WhatsApp pertenece a Facebook, por si no lo sabía) un flujo diario y enorme de información que luego usará para lucrar.

Si esa apropiación de información no le parece un problema, hay muchos aspectos de seguridad que sí debemos tomar en cuenta: qué datos, fotos, audios o archivos compartimos que podrían comprometer nuestra seguridad o la de nuestra familia.

Internet ha transformado la manera en que fluye la información, en cómo nos comunicamos y las dimensiones de interrelación con el conocimiento y las oportunidades. Las aplicaciones y la vida cada vez más amarrada al móvil han reemplazado acciones, comportamientos y hábitos de lo más cotidianos, y nada indica que esto vaya a revertirse. Eso sí, tenemos que comprender las dimensiones, riesgos, inseguridades e incluso abusos que suceden a través de estas tecnologías. ¿No se tendría que, por ejemplo, partir buscando una versión de WhatsApp en quechua o aymara?