Artículo publicado el sábado 27 de agosto en la separata del Aula Libre en Página Siete
Presenciamos en la semana que concluye la inminente caída del régimen del Coronel Muammar al-Gaddafi quien detenta el poder en Libia desde 1969[1]. Muchos de ustedes, amables lectores, como yo hemos seguido el curso informativo través de los medios masivos locales, el cable y su oferta de canales internacionales y también del flujo informativo en tiempo real vía internet.
En los canales de acceso informativo disponibles, sean estos medios nacionales o internacionales, se reproduce una agenda mediática que presenta un enfrentamiento entre la opresión y la liberación, entre “el bien y el mal”. De hecho, rápidamente la opinión pública nacional ha reducido el aún vigente régimen libio a la categoría de “dictadura” cayendo en un simplismo que sólo nos aleja del amplio y complejo espectro político que se vive en la lucha armada Libia, en el norte de África y en las riveras norte-sur del Mediterráneo.
El régimen político libio se articuló a partir de complejas relaciones tribales que resultan, de acuerdo con John Davis en su libro “Libyan politics: tribe and revolution”, de una larga memoria de guerras inter y anticoloniales, progresivo crecimiento de reservas y producción petrolera, ausencia de Estado-nación y una visión puritana del islamismo. De hecho, la revolución islámica socialista liderada por Gaddafi tiene directa relación con la muerte del líder egipcio Nasser y el vacío del discurso socialista islámico en la región.
