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20 de octubre de 2010

ciudad única...

La Paz es una ciudad única. Fue fundada un día como hoy hace 462 años, lo curioso es que no en el lugar donde actualmente está. Luego fue refundada y quizás eso marcó su particular devenir.

Es una ciudad de estética sutil y difícil. Ciudad de subidas y bajadas, una urbe sin muchas condiciones de posibilidad para la modernidad y por ello busca, siento, su destino en la posmodernidad. Ciudad de escasez de espacio compensada con tremenda imaginación. Ciudad mestiza.
Ciudad conflictiva, caótica, nocturna, contradictoria, vigilada, rodeada, inconclusa... Ciudad de que se ve desde arriba, desde las laderas. Ciudad que se ve desde abajo, desde lo ríos. Ciudad seca y acosada por la erosión. Ciudad custodiada por las montañas de nieves cuya eternidad ya no se la creen muchos, o al menos el que escribe.
 

23 de mayo de 2010

celebrando los 30 años de PAC-MAN

El blog oficial de Google comentó hace dos días que PAC-MAN cumplió 30 años. Aparentemente esta noticia ha causado sonrisas y buenos recuerdos entre los internautas que crecieron junto al popular juego de vídeo de origen japonés, entre los que me incluyo, y que han multiplicado las búsquedas relacionadas exponencialmente como muestra este gráfico de Google Trends:

NAMCO, la empresa  creadora del juego ha colaborado con Google quien celebra el onomástico con  www.google.com/pacman, recomendable para domingo por la noche.


6 de agosto de 2009

dulce tierra boliviana

Hay muchas letras, melodias, olores, colores, sabores, de lo cotidiano, de lo pasado y de lo eterno, que alborotan las sensaciones y percepciones, desde lejos, en el día de mi patria.

Al no estar viviendo la construcción institucionalizada de este ciento-ochenta-y-no-se-cuanto anirversario de independencia (que no ha querido decir, ni quiere decir libertad), me abstengo de toda consideración histórica y mucho más cualquier argumentación política.

La patria, desde lejos, es la autoalimentación permanente del recuerdo, la revisión de la estática 'capturada' al partir que se convierte en una mágica distorsión y una entrañable y recurrente melancolía. Así somos los bolis. Cada quien con lo suyo y con lo que puede, queriendo a la tierra de uno y siempre sonriendo al reinventarse imaginariamente 'el regreso'.

Se va la primerita con una composición de la gran Matilde Casazola.