20 de marzo de 2008

crónica viajera

Nuevamente estaré compartiendo experiencias, viajes y algunas opiniones desde la isla británica en el viejo mundo. El retorno ha sido largo y pesado, sin embargo da perfectamente el tiempo para observar y reflexionar sobre algunos fenómenos que ocurren día a día en esta "siempre envidiable" actividad de viajar que esta vez incluyó treinta horas de viaje de puerta a puerta, cinco aeropuertos, tres idiomas y un sólo destino.
De las 30 horas totales que duro el viaje solamente pasé entre 15 y 16 efectivamente volando, el resto se pasa entre aeropuertos, donde lo único que queda por hacer es sentarse a leer un libro, prender el reproductor de MP3 (que gran invento para evitar el ruidito de anuncios de información), mirar como opa quienes vienen y van con afanes distintos pero en el mismo propósito que uno y finalmente dar vueltas por las tiendas duty free donde mi intuitiva y posiblemente equivocada impresión es que todo es mar caro (porque que importa si el reloj cartier en una tienda de Regent Street en Londres vale 5 mil libras y en el "duty free" vale 4,900 si el que tiene lo tiene y el que no sólo lo mira) o directamente impagable.
Ahora bien, se habrán dado cuenta de que lo que debes hacer en un aeropuerto es sonreír como si fuera rentable, cuidar tus maletas como si estuvieras en la cueva de Ali baba y hacer filas. Ta'madre que se hace fila para todo. Para el ingreso, para el descenso del avión, para migración, para revisión, para retirar el bording pass, para entrar nuevamente al avión, hasta para ir al baño! Más allá de lo cómico esto resulta realmente agotador, crearme.
Lo que si es frustrante es la atmósfera de los aeropuertos: intolerantes, impersonales e incluso intimidantes. Todo saben que desde el septiembre negro norteamericano la paranoia es evidente y constante. Cualquiera es susceptible de revisión y por ende de abuso y extralimitación por encima de los derechos humanos (Esta vez quedé sorprendido de la "concienzuda" revisión de la Guardia Nacional Venezolana y de su desarrollada "elegancia" para intimidar)
En fin, es el precio y las condiciones. Lo cierto es que esto de cruzar océanos implica dormir poco y mal, comer a cualquier hora y feo, aguantarse para todo, tolerar y hacerse el boludo.
imagen extraída de http://www.photodiary.org/ph_a_4949.shtml

2 comentarios:

  1. jajaja.. tienes toda la razon.. aunque lo mejor es como dices al final.. hacerse al boludo y ni te joden..

    otra que hacia (si tienes tiempo), es esperar hasta el final (sentado mejor), cuando entras a imigracion ya ni ganas tienen de abrir otra maleta ni revisar nada..

    Bueno suerte payo..

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