17 de septiembre de 2011

¿Por qué debe triunfar la VIII marcha indígena?


foto: Los Tiempos
Artículo publicado el sábado 17 de septiembre en la separata del Aula Libre en Página Siete

Hace algunas noches sostuve un acalorado debate con un correligionario amigo respecto a cuál sería el quid del apoyo, sobre todo urbano, en el tema del proyecto carretero que pretender sercenar al TIPNIS y cuya principal manifestación de protesta se materializa en torno a la VIII marcha indígena.

Él argumentaba que lo que motiva cualquier reacción urbana, por más tímida que ésta fuera, son las demandas indígenas que exigen el respeto al derecho a la consulta. Yo, por el contrario, sostenía que había una germinación de preocupación ambiental que trascendía la mera demanda indígena y que el problema del TIPNIS es de carácter e interés nacional.

La mañana del miércoles, caminando de San Francisco a la Plaza Avaroa, reflexionaba al respecto y concluía que ambos estamos en gran parte equivocados, pero no lejanos de una posible “verdad”. La complejidad respecto al conflicto del TIPNIS, no es sólo política, mediático-simbólica, discursiva, sectorial o de intereses económicos, es ante todo ética y civilizatoria.

El conflicto a raíz del proyecto carretero por el TIPNIS ha develado la inconsistente, contradictoria y débil construcción discursiva presentada como “planeta o muerte”, que en alguna oportunidad el jefe de Estado supo capitalizar en foros internacionales. Pero eso es sólo discurso.

La VIII marcha indígena, una medida extrema de gran sacrificio que incluso ha cobrado vidas humanas, se constituye hoy en la materialización moral del cambio político-histórico en Bolivia. Reclama no sólo derechos consagrados sino la sustancia misma del proceso histórico que apeló a la esperanza como el factor intersubjetivo de filiación masiva al “cambio”.

La VIII marcha indígena, entendida así, es un imperativo moral para la nueva política posible: escuchar y materializar sus reclamos en decisiones, es decir, el verdadero paso hacia “gobernar obedeciendo”. Obedeciendo no a dirigentes cocaleros o colonizadores –discursivamente presentados como “interculturales”–, sino obedeciendo a la decisión materializada en ley que emana del pueblo, que representa al pueblo, que exige y defiende el pueblo.

La VIII marcha indígena debe triunfar no sólo  por la justicia y coherencia de sus demandas, ante todo porque se constituye en la expresión dramática y más evidente de la reserva moral del verdadero cambio. Apela una vez más al sacrificio extremo del cuerpo, en colectividad, como vehículo de expresión ética, algo que ya a esta altura no debería ser necesario.

La VIII marcha indígena propone reafirmar una nueva dimensión de nuestra relación con la vida en un entorno en peligro, el medio ambiente amenazado, no por el designio divino o la implacable catástrofe, sino por la miopía de quienes detentan el poder. Por todo ello, es un imperativo que VIII marcha indígena triunfe.

2 comentarios:

  1. Qué es lo más relevante que desnuda la marcha? Ecocidio? Pisoteo de DDHH? Manipulación y digitación política? Contradicciones discursivas? Creación de tensiones sociales? Intereses económicos? Subordinación a intereses extranjeros? Pulseta entre facciones políticas?

    Si podemos coincidir que por encima de todos estos está el futuro de los ciudadanos del país, entonces podremos comenzar a entendernos.

    De qué fuerzas depende nuestro futuro? Antes de decir ideologías, intereses, decisiones, política, podemos coincidir de que depende de quienes se pongan al timón de la nave del Estado?

    Pues estos grupos son quienes con sus decisiones impactan tanto economía, educación, desarrollo, seguridad, tejido socio-político ( léase instituciones, ALP, Constitución, etc.)

    Esto claramente lo hemos estado viendo desde la revolución del 52 hasta estos últimos años.

    Ahora bien. De qué depende de que quienes se encumbran en el poder ejerzan acciones efectivas, consistentes, constructivas, benéficas, integrales, profundas, coherentes, de largo y amplio alcance, desarrolladoras, etc.

    Antes de decir de sus ideologías y credos y experiencia, acordemos identificar la base de todas estas: sus cimientos éticos, morales, su capital social, sus valores y principios.

    Pueden tener todas las doctrinas aprehendidas de memoria y dominadas; pueden tener el lenguaje más asombrador del mundo; pueden barajar las estrategias teóricas más elucubradas del diccionario, pero si no tienen cimiento de valores y principios rectores en los cuales tanto ellos mismo como el resto puedan creer y confiar, toda la cháchara discursiva del universo no servirá para nada.

    Los valores y principios son la columna vertebral, el encauce orgánico, el surco rector, la brújula esencial, que guían, orientan y reorientan, inspiran, dan fuerzas, dan cohesión y coherencia a todos los conceptos y decisiones de los responsables.

    Si los principios y valores son meras veletas al aire, son circunstanciales, funcionales a intereses coyunturales; si los valores solo se enarbolan como banderas de manipulación, si el capital social no existe y es artificial entonces la confianza de la sociedad se desploma, va a la deriva, se diluye. Al diluirse la confianza emerge la duda, la sospecha, el recelo, el escepticismo, la desesperanza, la depresión, el desánimo, hasta llegar al rechazo y el repudio.

    Eso es lo que está en juego. La exposición al desnudo de valores y principios que habían sido huecos, artificiales, coyunturales, canjeables, funcionales, vacíos, en suma falsos: cuidado de la madre tierra, la multi-culturalidad, las autonomías, la constitución, los derechos sociales.

    El único valor que se plasma como invariantes y claro es uno que no está en la Constitución: el derecho a tomar el poder por el poder mismo e imponerlo a costa de cualquier cosa y por encima de cualquiera y todos.

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  2. Aquí soy categórico:
    El comentario mejor que el post!
    Una pena que llegue anónimo, porque comparte el fundamento y perspectiva en todo su espectro, pero me daré a la tarea de compartirlo.
    Muchas gracias por comentar a tan alto vuelo.

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