Artículo publicado en la separata del Aula Libre en Página Siete, el sábado 16 de julio de 2011.
Mucho se infiere y poco se trabaja desde la academia la relación entre la música y la política, lo que ciertamente una autocrítica. Quienes más saben de ambos temas sugieren que esta relación se ve manifiesta, en primera instancia, en los himnos nacionales, siendo éstos expresiones de reafirmación nacional e identidad política común.
Más allá de la estandarización del rito nacional al son patrio –léase pararse, sacarse el sombrero, llevar la mano al pecho, cuadrarse y hacer el saludo militar, o el más reciente ‘puño en alto’, según corresponda– podemos convenir que, por ejemplo, “Bolivianos el hado propicio, coronó nuestros votos y anhelo” no es precisamente una frase de comprensión llana y absoluta.
Sin embargo la relación de la música y la política tiene un espectro más amplio. A partir de la segunda mitad del siglo XX la música también ha sido parte constitutiva e identitaria de movimientos políticos, sobre todo aquellos de protesta o emancipación, aunque no se debe dejar de lado el importante rol de la música en la filiación e identificación partidaria. En ambos contextos, la ‘música política’ es explícita y destinada a masivas audiencias, por lo que a menudo emerge o se ‘aloja’ en la música popular.

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