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1 de mayo de 2013

Georgia, viaje al corazón del Cáucaso


Nunca pensé ir a Georgia, aquel pequeño país al final de Europa, o al ingreso de Asia.

Pasé un breve tiempo en este maravilloso lugar a los pies de majestuosas montañas, de milenaria historia llena de complejidades, con una cocina sencillamente cautivante y la tradición vitivinícola más antigua del mundo, pero ante todo con gente de gran corazón y abundante hospitalidad.

Aquí comienzo a compartir algunos relatos, fotos y vivencias de este viaje inolvidable.

Con un territorio de 70 mil km2 Georgia se ubica al sur de Rusia, al este de Turquía y Armenia, al lado de Azerbaiyán y no muy lejos de Irán, en el corazón del Cáucaso, aquella estrecha región entre el mar Negro y el mar Caspio.

Muchos confunden su ubicación e incluso pronunciación con un estado norteamericano, suena demasiado occidental para estar donde está, aunque Georgia (საქართველო, en georgiano el país se llama Sakartvelo) conserva su propio idioma, una herencia histórica de miles de años, la influencia del contacto, generalmente violento, entre culturas y grupos étnicos, y una impactante fe religiosa.

Vista de Tbilisi, la capital de Georgia, desde la Catedral Central
De hecho Georgia es un exónimo proveniente de San Jorge, el santo más importante del país, presumiblemente adoptado en el siglo XII. Los georgianos son mayoritariamente cristianos ortodoxos y la religiosidad emparejada a la historia de santos, milagros y lugares sagrados ha permitido reconstruir la identidad nacional, claro está, con conflictos y guerras que aún no están del todo resueltos.

La cosmopolita capital de Georgia, Tbilisi, alberga gentes de todo el caúcaso, Europa, Asia Menor y Medio Oriente. En su casco antiguo conviven de manera pacífica monasterios e iglesias ortodoxas, católicas, mezquitas y sinagogas, muchas  veces a pocas cuadras de distancia.
No es un país europeo -aunque sí bastante occidenta- pero tampoco plenamente Asiático, vive una simbiosis de occidente y oriente en cada rincón de su territorio y por eso se reconoce como el punto de contacto de Eurasia.

15 de abril de 2009

Fundamentalismos


A comienzo de febrero, cuando leí El Choque de los Fundamentalismos de Tariq Ali (clic aquí para acceder al libro completo en inglés), no pude evitar hacer un paralelismo entre su estilo, argumento y propuesta y Las Venas Abiertas de América Latina de Galeano.

Ali, no sólo desafía su propio origen y credo sino también el entendimiento determinista de dos civilizaciones enfrascadas en una lucha de la supremas ideologías, muy frecuentemente presentado en ámbitos académicos y políticos durante la última década.

Argumenta también que uno de los mayores fundamentalismos perniciosos es el intervencionismo norteamericano en el mundo entero. Escribí un borrador sobre algunas ideas aisladas que finalmente se convirtió en una compleja auto-discusión sobre aspectos político-religiosos, ideología y aparatos ideológicos, culturas y civilizaciones, etc. así que decidí preservarlo como tal: un llano borrador.

Sin embargo, hace algunos días volví a 'encontrarme' con las ideas de Ali mientras veía In This World de Michael Winterbottom. Este film narra la historia -verídica- de un adolescente afgano, huérfano y confinado a vivir en el campo de "Shamshantoo", uno de los campos de refugiados más grandes del mundo, y que decide partir a Londres.

Todos los seres humanos que alguna vez partimos cargados de suenos y buscamos materializarlos en aquello que consideramos 'la tierra nueva' hemos enfrentado el choque de nuestra esencia, de nuestra manera de ver y percibir el mundo frente al ritmo y dinamismo del 'otro'.

Los fundamentalismos se van reproduciendo en mundos que se encuentran y enfrentan cotidianamente, a veces en el mismo espacio pero generalmente en las limitaciones de nuestro mapa mental preconcebido.

10 de mayo de 2008

Birmania: el tablero político mundial los visita por algunas horas

El pasado fin de semana, el ciclón Nargis devastó el sur de Birmania (o Myanmar) cobrando de vida -hasta ahora- de más de 120 mil birmanos y ha afectado a casi un millón y medio que actualmente no cuentan con alimentos, agua ni servicios básicos.

Lo que motiva este post es el repudiable manejo mediático y político que las autoridades birmanas y la comunidad internacional sobre la tragedia. Por un lado, el gobierno autoritario de la Junta militar liderada por Than Shwe minimiza el hecho, pretende imponer un clima de control absoluto de la situación con el objetivo de legitimizar su constitución a través de un referéndum en medio del sufrimiento de millones de ciudadanos restringidos no sólo en sus derechos civiles y políticos, sino ahora también restringidos en el derecho a recibir asistencia humanitaria.

Por otro lado, la ONU, EE.UU., la UE, otros gobiernos y organizaciones humanitarias repentinamente ofrecen miles de toneladas de alimentos, recursos, equipos de rescate, etc. cuando el gobierno birmano ha limitado al mínimo el ingreso de extranjeros al país. Lo que en verdad presumo se busca es denunciar e “intervenir” un régimen antidemocrático, “antisistema”, a costa de la vida de millones de seres humanos.

Sin duda habrá quienes buscan colaborar a las víctimas, sin embargo el mapa geopolítico de la Región es por demás complejo.

Que mundo insano.




Imagen obtenida en: www.guardian.co.uk