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21 de febrero de 2014

Las redes de protesta



De Ucrania a Venezuela ahora. De Oriente Medio a Islandia o de Tailandia a Estados Unidos antes. Se vienen sucediendo movilizaciones masivas que cuestionan regímenes, sean estos autoritarios o democráticos, aunque la tónica parece ser la confrontación a sistemas político-económicos que reproducen las brechas, las desigualdades y son incapaces de superar diversas crisis.

"Redes de esperanza e indignación" (Alianza Editorial, 2012) del teórico español Manuel Castells, es según el propio autor una publicación apresurada por las circunstancias.

La versión en inglés publicada como Networks of outrage and hope (Polity, 2012) fue la que me acompañó de Letonia a Bolivia. El texto indaga sobre los hechos y reflexiona los procesos de protestas y movilizaciones sociales en Egipto, Túnez, Islandia, España y EE.UU. durante 2011.

Castells ofrece dos horizontes de análisis entrelazados y a veces yuxtapuestos: las transformaciones en la gestación de los movimientos sociales contemporáneos y la articulación de las protestas a partir de nuevas formas de comunicación.

La dignidad es uno de los factores centrales que articula la movilización, mientras la convocatoria es masiva, ciudadana, espontánea. Esta espontaneidad se logra a partir de redes sociales preexistentes y de la construcción de nuevas a partir de internet.
Plaza Tharir en el Cairo, Egipto (CC) por Ron Rothbart

Al respecto, encuentro una reflexión crucial del texto (pp. 45) que me permito traducir:

[...] en ambos casos (Túnez e Islandia), los movimientos pasaron del ciber-espacio al espacio urbano con la ocupación de míticas plazas públicas como apoyo material para los debates y protestas, desde corear consignas en tunesino hasta tamborear ollas en Reykjavik.

En la misma línea, refiriéndose a la revolución egipcia, Castells afirma (pp. 59):

Sin embargo, la formación social fundamental del movimiento fue la ocupación del espacio público. El resto de los procesos de formación de redes fueron formas de converger en la liberación del territorio que se escapa de la autoridad del Estado y experimenta formas de auto-administración y solidaridad.

Hay otro elemento central, quizás el más potente, las protestas toman un espacio físico, se hacen "reales" en la toma física, en la ocupación, de un lugar público.


La relación entre medios masivos tradicionales y medios alternativos permite la amplificación y sostenibilidad de la noticia en la opinión pública por mayor tiempo. No se trata de dos entes o espacios distintos, sino más bien integrados, complementarios, interactuantes e incluso entrelazados, cuyo rol es igualmente importante.

Casi como otorgando la posibilidad de una conclusión convergente en estos tres aspectos, Castells sintetiza (pp. 60) en el caso egipcio:

La conexión entre los social media de Internet, las redes y relaciones sociales de la gente y los medios tradicionales de comunicación fue posible debido a la existencia de un territorio ocupado que ancló el nuevo espacio público en la interacción dinámica entre el ciberespacio y el espacio urbano.

The break (CC) por StreetWrk
Hay tres elementos cruciales que Castells aborda como la nueva forma de articulación de los movimientos sociales en la Sociedad Red: 1. El flujo masivo de comunicación más allá de los medios tradicionales; 2. la toma física de un lugar en la ciudad, espacio público como centro de lucha, visibilización, debate y construcción de narrativa común, allí donde uno puede ir y sumarse a la causa; y 3. el debate colectivo presencial y virtual de nuevos roles de la sociedad civil interpelando al Estado.

Este es uno de los libros más "breves" que ha escrito Castells, menos de 200 páginas sin apéndices y notas, altamente recomendable.
Sobre el texto, comparto más abajo dos vídeos a cargo del mismo autor que añaden una serie de observaciones que merecen esucharse. El primero es una presentación del libro [en inglés], material publicado por la RSA británica.



El segundo vídeo es una clase magistral de Manuel Castells en la Universidad UNIVA de Guadalajara (México) donde en más de dos horas se aborda el tema de los movimientos sociales en el mundo y algunas características relativas al contexto mexicano (gracias a Eliana Quiroz quien compartió este vídeo en Facebook).


24 de octubre de 2011

TIPNIS: el reencuentro de las sociedades en transformación




El ingreso de la VIII marcha indígena a La Paz ha sido un hecho histórico desde varias puntos de vista, ante todo cargado de emoción y efervescencia social. Otra vez, como ha sido de forma recurrente, la política boliviana se encuentra, articula y proyecta en las calles.


Hay varias perspectivas por donde abordar el tema, desde lo coyuntural a lo folclórico, o desde lo simbólico a la banalización en los medios de comunicación. Estimado lector, usted habrá leído/escuchado en los últimos días muchos análisis y opiniones, para todo gusto y color. Sin embargo propongo observar al ingreso “triunfal” de la marcha indígena como catalizador de análisis sobre la transformación y recomposición del tejido sociopolítico boliviano.

Bolivia fue a lo largo de su historia colonial y republicana un país cuyas relaciones de intercambio fueron sobre todo agrarias. Su economía fue históricamente dependiente de la minería – de hecho, continúa siéndolo en gran medida– y más recientemente de la producción gasífera. La composición social del país supone que hay una mayoría indígena, aunque esta presunción hasta hace poco inequívoca está siendo materia de amplio debate multidisciplinario estadístico, sociológico y antropológico, y también una élite blanco-mestiza que ha concentrado el poder y la acumulación.


20 de mayo de 2010

deconstruyendo la retórica de la protesta

fuente: Erbol Digital
Las calles paceñas han estado desbordadas por maestros (profesores escolares) marchando por un aumento salarial mayor al 5% establecido por el gobierno para este año fiscal. En contrapartida, la Red ERBOL informa que los padres marcharon hoy exigiendo, tal como muestra la imagen, que los hombres y mujeres encargados de la educación vuelvan a las aulas, acción multitudinaria encabezada por el diputado del MAS  y dirigente de los padres de familia, Jorge Choquetarqui (ver nota aquí).

El magisterio y sus afiliados urbanos están en el derecho de protestar y buscar mejores condiciones salariales (derecho si pero es debatible hasta qué punto razón). Los padres están en la razón de exigir que sus hijos sigan recibiendo educación, aunque el ser 'liderizados' por un parlamentario oficialista le resta legitimidad a esa razón, ¿o no?

Más allá de derechos y razones, la protesta es un derecho de todos los y las ciudadanas y su reclamo debiera ser atendido por gobernantes así como mediado por dirigentes ecuánimes. Aquí no pretendo develar el  conflicto en sí, ni las condiciones de posibilidad de resolución. Lo que me ha llamado la atención es la  retórica de la protesta.

El rito de la protesta social contemporánea en Bolivia está esencialmente compuesta por el cuerpo humano, el sacrificio y la acción de la masa colectiva, componentes no siempre presentes simultáneamente y más bien desplegados estratégicamente según la radicalidad de la protesta. En el caso de las marchas, el cuerpo se reproduce en la masa 'disciplinada' bajo una estructura sindical que adopta en el número, en el volumen, su argumento de presión. 

fuente: www.fmbolivia.com.bo
En este acto, la palabra colectiva y el diálogo sincronizado del grito de protesta, ejercen el rol de comunicador: 'Fuerza, fuerza, fuerza. Fuerza compañeros, que la lucha es dura, pero venceremos'. La interacción surge también entre los líderes y la masa, una relación disciplinada de subordinación (o acatamiento, como los sindicalistas suelen 'darle la vuelta': 'Abajo el Gobierno hambreador- Abajo!!'. 'Viva la Confederación de Maestros Urbanos de Bolivia - Viva!!'. Asimismo, cuando la tensión sube, la policía se agrupa para repeler o dispersar una marcha y el enfrentamiento es inminente, la palabra colectiva busca activar la resistencia valiente de la masa en protesta: 'Fusil, metralla, el pueblo no se calla'.

Hasta aquí la aparente coherencia del acto simbólico y retórico goza de  posible credibilidad. El problema está en que esta construcción política ha ingresado, ya hace mucho tiempo, en una dinámica repetitiva, re-usada y sin capacidad de persuasión. Se presenta predecible, carente de imaginación y vacía en cuanto a categorías discursivas que persuadan o impacten en la intersubjetividad política. Denota el des-compromiso evidente de un colectivo que no lucha efectivamente bajo una construcción ideológica sino arreada con una retórica prefabricada. En ello se devela además lo relativo de los liderazgos sectoriales sindicales y sus 'demandas' calculadas y de corto plazo.

La movilización social es parte del capital político de los y las ciudadanas. Es el espacio de manifestación pública colectiva y solidaria. Debería gozar entonces de un principio imaginativo, de una retórica que refleje las realidades, las percepciones intersubjetivas e irradie los verdaderos problemas de las mayorías. Debería reinventar las formas de persuadir y comunicar, interactuar con los medios de comunicación como vehículos para el entendimiento y la reconexión con la base social.

En una línea: La política sindical está carente de reinvención, imaginación y propuesta, comenzando por lo retórico.