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19 de junio de 2016

Guarulhos, conexiones deconectadas


Llego a las 3:50 am al aeropuerto de Guarulhos, en esa no declarada "capital" brasileña. Tengo cerca de 10 horas de conexión para mi vuelo a Bolivia y dado que tengo que salir "sí o sí" por migración para hacer mi check-in con BoA, la línea aérea boliviana, reafirmo mi intención de salir a darle una vuelta al gigante de cemento paulista.

Deambulo por las terminales sin mucho éxito, todo está cerrado. Decido echarme un momento que termina en una siesta de algo más de una hora. Despierto de repente y la terminal ha cobrado vida. Hora de irse a pasear la avenida Paulista, pienso. 


El bus a Sao Paulo sale de la terminal dos (sólo hay taxi o este bus), cuando llego a sus oficinas me dicen que sale en dos minutos el siguiente, compro ahora y corro (Rs 90 ida y vuelta, 30 USD) o espero una hora más. El cajero automático no me quiere dar reales (y eso que me pide una comisión de Rs 20, algo así com 7 USD) y la casa de cambios me pide cambiar como mínimo 50 USD con una comisión de Rs 36, es decir 12 USD…


A una hora de distancia de Sao Paulo, Guarulhos no está pensado para tipos como yo, no dispuestos pagar 100 USD por dos taxis a la ciudad ni perderse entre tantas y tan caras comisiones por apenas 3 o 4 horas de paseo en una poco atractiva mañana invernal de domingo por Sao Paulo

Hago de cuenta que es un día cualquier, busco un rincón tranquilo, y sigamos trabajando hasta el siguiente vuelo. 


2 de abril de 2013

Software libre, un imperativo para las políticas públicas


Foto: Massimo Barbieri (CC BY-SA 2.0)
Casi 9 de cada 10 internautas usa algun sistema desarrollado en Software Libre aunque muchos no son plenamente conscientes de ello. El Software Libre ofrece soluciones eficientes a la industria del software y las telecomunicaciones, garantiza la libertad, la seguridad, la innovación y la colaboración, genera empleos y es el paso decisivo hacia la independencia tecnológica.

Entonces, ¿por qué los gobiernos latinoamericanos no adoptan [decididamente] el Software Libre?

Varios gobiernos de América Latina, en diferentes intensidades y grados de eficacia, ya han dado pasos normativos y  operativos en la adopción del Software libre, como en el caso de Bolivia y el artículo 77 en la Ley de Telecomunicaciones.

Sin embargo, el debate no se ha posicionado en la opinión pública y la normativa aún no se traduce en políticas públicas efectivas. Adoptar software libre es una transformación cultural en la relación entre el estado, el mercado y la sociedad. Una transformación colaborativa, de beneficio social y económico para nuestros países, pero también un cambio en las formas de producción de conocimiento y consumo de tecnología, factores decisivos en el siglo XXI.

En países como Alemania, Brasil, el Reino Unido, Francia y Venezuela ya se han dado pasos importantes a nivel local y nacional en la adopción de software libre, a pesar de que aún se sigue gastando en software privativo.

La implementación de las políticas públicas en cumplimiento de las normas y traducción de los discursos en planes y programas locales, regionales y nacionales es el paso siguiente y necesario.

Para ello se debe comprender que el software privativo, como todos los productos de Microsoft, representa un costo económico, moral y social. El software libre no es gratuito. La diferencia respecto al privativo es que no se paga por software libre, sino que se invierte (véase el vídeo Software Libre vs Software privativo más abajo)

El desarrollo, soporte, migración, compatibilidad, mejora, distribución y réplica de software libre implica inversión. Ese monto tiene dos impactos diametralmente diferentes a pagar por una licencia privativa desarrollada generalmente por una corporación transnacional como Microsoft. 

En primer lugar se invierte, no se gasta, en el desarrollo de software para resolver los problemas y necesidades específicos del país, región o municipio. Esa inversión se multiplica no sólo generando empleo, conocimiento propio e industria del software, sino que el resultado puede ser también copiado y replicado en otros niveles del estado, sin mayores costos para el país y en beneficio de todos.

En segundo lugar se invierte en recursos humanos innovadores y conectados a los principios de la participación y la transparencia, fomentando así un nuevo paradigma colaborativo de la gestión pública, el desarrollo empresarial y la educación, las tres áreas de mayor impacto del software libre.

En algunos espacios se argumenta que la migración de productos privativos genera rechazo en los usuarios, algo que directamente se ve desafiado por la estabilidad, seguridad y calidad de los productos de software libre.

Al apostar por el desarrollo de software libre, o de código abierto, que es aquel que se puede ver, estudiar y mejorar su arquitectura y composición, se puede lograr al menos tres resultados en la gestión pública:
  • Se optimiza recursos públicos invirtiendo y no gastando.
  • Se reducen costos (hay muchos ejemplos que constatan que en esta materia desarrollar lo propio cuesta menos que comprar lo ajeno) mientras el dinero público genera empleo y conocimiento propio.
  • Se supera la fase retórica de la soberanía. Con el Software libre podemos desarrollar tecnología para la seguridad, el desarrollo, la igualdad, mejores programas educativos, iniciativas de salud, etc., sin dependencia alguna.
  • Se genera bienes públicos (en este caso intangible) que además permite ser mejorado y readaptado en el tiempo, más allá de un periodo o gestión política.
  • Es auditable ya que puede ser estudiado, corregido y mejorado.
  • Se promueve la rendición de cuentas, la transparencia de gestión y el uso abierto de la información pública, principios fundamentales para nuestras democracias.

16 de febrero de 2010

desde Asunción...



Han pasado ya 29 hrs desde que partí de Londres y estoy ahora en las cálidas tierras guaraníes, en Asunción. Lo más pesado del viaje, irónicamente, son los largos lapsos de espera y lo impersonal de los aeropuertos más que el viaje en sí. Intuyo que esto es ya sabido por muchos y no intento traspasar mi agotamiento a ustedes. Por el contrario, me pareció sugerente compartir las primeras experiencias simultáneamente contradictorias y satisfactorias ‘del retorno a casa’.


Estuve casi 9 horas, en Sao Paulo que no han sido nada agradables. Mientras deambulada de área en área, como hubiera dicho mi abuela: ‘caminando como gallina sin huato’, me topé con un par de pasajeros ingleses que se colgaron a la misma pantalla que yo en la que pasaban algunas imágenes del carnaval de Fortaleza. Sorprendidos, me comentaron el precio de 15$us por un paquete de papas fritas que lo describieron como el ‘equivalente a las pringles’. Yo les respondí que comí el sandwich más feo que recuerde con una lata de gaseosa de guaraná por nueve euros. Londinenses quejándose, nada nuevo, pero sorprendidos por el precio, eso si es raro, eso si es carisimo!


En fin, supongo que la experiencia sirve para sugerirles comer bien o llevarse algo consistente si es en el futuro son ‘forzados’ a una larga espera en Sao Paulo.


Por el contrario, al recordar mi primera visita a Paraguay en 2007, no pude quitarme de la cabeza el sabor de la chipa, una culinaria delicia paraguaya. Al bajar del avión, me caminé por las 5 o seis tiendas que componen el ‘duity free’ pero tuve el éxito esperado. Una amable senora de nombre Martina, atendió mi humildo pedido de dos bolsitas de ‘chipitas’, llamó a su contacto quién atendió el pedido en 5 minutos, 4 euros mediante.


Si hablamos exclusivamente del precio, es posible que esta última compra esté nuevamente sobrevaluada. El asunto es que todo cambia con el entorno, con las condiciones de la transacción, todo cambia con la buena voluntad, el ‘favorsito’ y la sonrisa. Es más, mientras esperábamos el encarguito, intercambiamos comentarios sobre el tereré, difundida manera de tomar la yerba maté en Paraguay. Ella me mostró, contrariamente a lo que yo había visto antes, su termo y poro con yerba amarga para tomarse caliente, según ella, al estilo de los ‘antiguos’ (sonrisas :o).

Aquí estoy, cansado pero contento y bien atendido, en la sala internacional del Aeropuerto en Asunción (bueno completamente solo, se siente rarísimo), tomándome un cafesito pagado con 1 dólar y dos reales juntos (conexión wi-fi incluída), todo gracias a la voluntad del mesero que aceptó la ‘juntucha’ de monedas. Claramente la simultaneidad se ha hecho manifiesta, habrá que disfrutarla!