Mostrando las entradas con la etiqueta ritos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta ritos. Mostrar todas las entradas

26 de enero de 2011

coca que protesta, coca política


Bajo los slogans 'El día del acullico', 'coca no es cocaína', 'en defensa de la hoja sagrada', y seguramente alguno otro más ingenioso, cientas de personas marcharon con las bolistas verdes a cuestas y pijchando sacrosantamente hojas de coca por el centro de La Paz hasta la embajada Norteamericana.

Medios bolivianos e internacionales (ver Reuters, El Mundo.es, or in English if you prefer) reportaron hoy sobre las acciones de 'protesta' convocada por organizaciones campesinas productoras de coca, y respalada por el funcionarios del gobierno boliviano, frente a la embajada 'gringa' (además de otras ciudades como Quito). 

El motivador de la protesta está bien claro, los 'gringos' (incluyamos en esta ocasión a ingleses y suecos) se oponen a la despenalización de la coca, la cual está incluida en la 

Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes (para salir de dudas, lean los artículos 1, 2, 6, 26, 27 y sobre todo el 49, imperdible!). Bolivia ya ha presentado varias veces el mismo argumento y el 31 de enero se debe votar por una nueva petición oficial. si algún Estado miembro se opone pues se debe llamar a una Conferencia (mecanismo siempre complejo y pocas veces efectivo).


Mi visión sobre el tema puede ser poco acreditada respecto a los mecanismos legales a escala internacional, un tanto limitada respecto a la dimensión económica de la coca y mucho más de la economía de la cocaína, temas todos que bien se abordan desde la economía política.

Lo que si cruza hacia mi campo de análisis y reflexión es la utilización de la coca como un instrumento de protesta que convoca, reúne, agrega, recompone relaciones de lealtad y sobre todo emite un mensaje político. 

La corta visión de un medio digital poco recomendable que publica pseudo-artículo "Día del No Acullico" en el que reduce la capacidad simbólica e intersubjetiva de la coca como comunicador político sólo delata la imposibilidad de algunas mentes por comprender las lógicas de articulación de discurso político y formas colectivas de acción y persuasión.

Vengo llegando de Alemania donde presenté un argumento teórico-empírico en la Univerisdad de Hamburgo sobre la afirmación anterior (pueden ver todo el material aquí). Estoy seguro que quedan muchas correcciones por hacerse y observaciones empíricas, pero propongo observar y comprender que la coca no se reduce a un grupo de campesinos 'pijchando', tampoco se subyuga a la producción excedentaria destinada a la elaboración de cocaína, está presente en las formas de producción cotidiana (minas, agro, zafra, construcción, transporte, medicina alternativa, ritos, etc.) y en la estructura simbólico-cultural de miles de bolivianos que no necesariamente acullican regularmente.

No me sumo al slogan 'día del acullico', me parece reduccionista, amarillista y poco consecuente con las dimensiones culturales antes descritas. Me adscribo, eso sí, a reflexionar sobre los significados, lazos simbólicos y medios materiales a partir de los cuales se teje la cultura política de las mayorías en nuestro país.

6 de junio de 2010

De la Ceremonia al Rito Político

La posesión de los Gobernadores departamentales en Bolivia ha consagrado el inicio del proceso de descentralización político-administrativa discursivamente bautizado como autonómico. El acto fue precedido por la tensa aprobación de la Ley Transitoria para el Funcionamiento de las Entidades Territoriales Autónomas y se celebró con, llamémoslo así, ‘desordenes ceremoniales’ que se desencadenaron cuando el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, procedió a tomar juramento a las nuevas autoridades y los Gobernadores electos de Tarija, Santa Cruz y Beni, respectivamente, no invocaron señal alguna ni respondieron a la pieza discursiva ‘tradicional’: “Si, juro”.

El desenlace desconcertante ha llevado a múltiples especulaciones, declaraciones y exégesis que van desde lo legal hasta lo simbólico. El argumento con el que quiero aportar, sin embargo, responde a la conversión performativa de un acto ceremonial –eminentemente cargado de múltiples connotaciones políticas– en ritos políticos.


Ritual, desde un punto de vista estructuralista clásico, se entiende como "actuaciones altamente convencionalizadas" en las que intervienen "medios místicos fuera de la observación sensorial y control" (Gluckman, 1965). Gluckmann más adelante separa conceptualmente lo "ritual" de lo "ceremonial", subrayando la presencia mística en la primera y, por consiguiente, ausencia en la segunda.

Los rituales son comportamientos que articulan prácticas estandarizadas, la repetición y el simbolismo, elementos mediados por dos rasgos performativos notables: la dramatización y la ambigüedad (Fischer-Lichte 2005; Kertzer 1988). Desde la perspectiva post-estructuralista, la dramatización en lo político, como Taran (2000) argumenta, crea una importante dimensión para el pensamiento mítico. Dramatización se convierte en un elemento fundamental del mito político, porque se percibe como el "resultado de la lucha entre diferentes fuerzas: El bien contra el mal; lo sagrado versus lo profano; lo puro frente a lo impuro" (Montero 1995 en Taran 2000).

Los rituales políticos, nos dice Bell (1997), construyen poder. Pero también las prácticas ritualizadas se convierten en "instrumentos" para agitar las emociones y el establecimiento de prácticas que encajan perfectamente en las agendas de quienes buscan cuestionar las relaciones de poder y también tienen “la capacidad para dar cabida a símbolos conflictivos reduciendo al mismo tiempo la percepción de la incongruencia” (Kertzer 1988; Kürti 2006).

Costas, Suárez y Cossío han apelado a la rebeldía en la liturgia de la posesión a través de la inacción, una curiosa forma de dramatizar y reafirmar el sentido ambiguo, con el objetivo de cuestionar las relaciones de poder impuestas desde el centralismo, según el argumento decodificado, a través de la ritualización de la protesta. Digo ambiguo porque los tres ahora gobernadores han hecho explícito, público y mediatizado uso de señales de juramento ante simbólicos emblemas en sus respectivas regiones y ante los espacios de poder logrados a través del voto que es, en última instancia, la suprema forma democrática de legitimidad.


El discurso teatralizado y dramatizado ha sido encarnado el domingo pasado en la Casa de la Libertad más allá de las palabras y en franco reto a las tradiciones ceremoniales, algo que no nos es ajeno desde aquel puño izquierdo firmemente levantado el 22 de enero de 2006. Se ha cuestionado una vez más la ‘tradición’ a través de una reinvención simbólica de la protesta en el acto formal, dimensión tan indeterminada como poderosa frente a la cual los argumentos legales u objetivantes carecen de armas certeras y que ciertamente reafirman la lucha por el poder también en la dimensión simbólica.


Referencias

  • Baringhorst, Sigrid. (2004). „Political Rituals‟ in Nash, Kate & Scott, Alan (Eds.) The Blackwell Companion to Political Sociology. Oxford: Blackwell. pp. 291-301.
  • Bell, Catherine (1997). Ritual. Perspectives and Dimensions. Oxford: Oxford University Press.
  • Fischer-Lichte, Erika (2005). Theatre, Sacrifice, Ritual. London: Routledge. 
  • Gluckman, Max (1965). Politics, Law and Ritual in Tribal Society. Oxford: Basil Blackwell.
  • Kertzer, David I. (1988). Ritual, Politics and Power. New Heaven and London: Yale University Press.
  • Kürti, Lásló (2006). ’Symbolism and Drama within the Ritualisation of the Hungarian Parliament’ in Grewe, Emma & Müller, Marion (Eds.) Rituals in Parliaments. Frankfurt am Main: Eropäischer Verlag der Wissenschaften. pp. 41-63.
  • Rivero Morales, Pablo (2009). Political Ritualised Practices. The Coca Leaf as Discursive Artefact. London: Kingston University. Masters' degree Dissertation in International Polítical Communication, Advocacy and Campaigning.

23 de diciembre de 2008

Evo y el rito de la muerte

Estoy en medio de un ensayo sobre rituales políticos. Tengo varios papeles, notas, confusiones e intuiciones desparramados por el suelo de mi cuarto que espero compilar en un documento aceptable durante estas fiestas.
Sin embargo, siguiendo las noticias me encuentro nuevamente con la recurrente relación entre Evo y la muerte, un manejo discursivo-simbólico que, argumento, se constituye un patrimonio más de su liderazgo.
No tengo elementos de ninguna clase para cuestionar el informe del ministro Rada (click aquí), sin embargo, amparado en el subjetivismo científico -existe y es tan extendido como criticado-, me pregunto: Que tiene que ver este 'macabro plan' con el proceso electoral? Se sigue reproduciendo el sentido simbólico de víctimas? Se está reproduciendo la teatralidad dramática del desenlace fatal como instrumento discursivo?
Son unos capos, ja.