Mostrando las entradas con la etiqueta desigualdad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta desigualdad. Mostrar todas las entradas

16 de julio de 2021

Así va la #COVID-19 en América Latina y el Caribe: Gráficas y datos (actualizado al 15 de julio 2021)


América Latina y el Caribe (ALC) es una de las regiones más golpeadas por la Covid-19 del planeta. con apenas 8,4% de la población mundial, ALC registra 20,6% de los casos detectados y el 32,3% de las muertes por la enfermedad. Al menos se han perdido 1,32 millones de vidas (sabemos que hay un subregistro y son muchos más casos y muertes).

Uno de los mayores déficits durante la pandemia por Covid-19 han sido datos comparativos y comprensibles para la ciudadanía, que permita dimensionar la crisis y también presionar por respuestas más certeras.

Los rebrotes han sido cada uno peor que el otro y si bien el comportamiento de julio indica una desescalada del tercer rebrote, la baja vacunación y una sostenida meseta podría indicarnos un pronto cuarto rebrote como se muestra más abajo. Véase el gráfico el siguiente gráfico solo con casos del registro oficial:



17 de julio de 2020

Educación y pandemia: herencia de una cuestión estructural


La educación en Bolivia sigue siendo un asunto de privilegios. Mientras nada indica que los colegios o universidades puedan volver a las aulas presenciales por el avance de la pandemia, el conflicto levantado en las calles por sindicatos, padres de familia y maestros aviva un debate estructural a las brechas y condiciones irresueltas en el país.

Aunque sabemos es parte de la falla estructural, debemos partir entendiendo y asumiendo que la educación es un derecho y es responsabilidad del Estado, que debería otorgar una educación de calidad, libre y gratuita a todas las personas en el país. 

La prolongada cuarentena nos revela desigualdades estructurales que restringen, o niegan, el derecho a la educación. Condiciones heredadas de décadas -¿ya un par de siglos?-, pero también de fallas sistémicas no resueltas en el periodo de mayor bonanza económica que tuvo el país entre 2008 y 2018.

2 de febrero de 2018

TRABAJO: la historia de todos los días, contada de otra manera


TRABAJO es un proyecto audiovisual colaborativo que se acerca a la vida de las y los trabajadores de manera horizontal y abierta en América Latina. Este cortometraje cuenta sin filtros ni condicionamientos, de forma honesta y espontánea, cómo es un día de trabajo del amanecer a la medianoche en cualquier rincón de América Latina.

Los vídeos que se presentan en el cortometraje fueron enviados por cientos de personas desde 11 países de la región que muestran momentos reales de su rutina y jornada laboral y lo presentan con sus propias palabras.

El proyecto nació en Internet y vive en Internet. Estrenamos el cortometraje en YouTube. Pasa, míralo:


Podrás ver que hay personajes que conducen el día, y aunque puedan parecer entrevistas, las frases más contundentes y cautivadoras de la película resultan de conversaciones, son fragmentos del sentir o pensar genuino y directo de esas maravillosas personas que compartieron un poco de su trabajo, de cómo ven el mundo.


La idea original fue del colega y amigo Alex Morin-Laprise y mía. Queríamos romper el orden narrativo desde la manera "tradicional" de hacer audiovisuales de campañas en las ONG, nos propusimos que sea la gente de nuestra América Latina sea quien nos diga cómo es el trabajo, cuáles son las preocupaciones o problemas, cómo le ponemos carne, hueso y olor a las desigualdades y también darle centralidad a las alegrías y esperanzas.

Escribimos el guión y lo ajustamos a las imágenes que nos fueron enviadas. En esta titánica tarea participaron colegas quebequenses Laurie Caron, Annie Rocher y Stephanie Essiambre. La edición y posproducción se hizo en Bolivia, en los estudios de 4K con Germán Monje y Juan Pablo Urioste, con el apoyo de Walter Miranda. Las animaciones estuvieron a cargo de Marco Sánchez y la música original y fue compuesta por Sergio Medina, también boliviano, con una apuesta sonora por hilvanar los sonidos de los Andes, el calor del trópico y el ritmo del caribe.


20 de enero de 2018

Encuesta TIC en Bolivia y desafíos hacia la ciudadanía digital



Mira mi exposición en la liberación de los  datos de la encuesta en la Vicepresidencia 

A pocos días de cerrar el 2017, la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de la Información y Comunicación de Bolivia (AGETIC) me invitó a comentar la liberación de la base de datos de la primera Encuesta Nacional de Opinión sobre TIC


Durante el evento, expuse cuatro desafíos hacia el ejercicio de ciudadanía digital a partir del informe preliminar de la encuesta. Comparto a continuación una síntesis de mis argumentos y al final del post el vídeo de aquella presentación.

¿cuál es el perfil de un internauta en Bolivia?

La encuesta seguramente permite construir varios perfiles, aunque, en síntesis, aventuro un perfil: Vive en el eje (6 de 10 vive en ciudades capitales, 83% en Santa Cruz), usa internet en su móvil con un paquete de datos mínimo al día, se conecta en la tarde-noche, casi todo los días, alguna vez desde un café internet o desde conexiones Wi-Fi, es estudiante y tiene entre 15 y 25 años, y fundamentalmente consume sus datos en WhatsApp y Facebook -muy ocasionalmente YouTube. 

foto: AGETIC

DESIGUALDAD


El 93% de personas encuestadas declara tener celular, 42% computadoras, 10% internet fijo (3% rurales, 6% poblaciones intermedias y 17% ciudades capitales). Las brechas de acceso a tecnologías y un uso pleno de la banda ancha como un recurso de inclusión digital son aún excluyentes y un "privilegio" para algo más del 10% de la población.

Hasta ahora, la premisa ha sido más acceso (67,5% población “internauta”) sobre todo por el mercado, aunque la “calidad” va para unos pocos. El 92% de usuarios móvil está en prepago y 71% gastó menos de 1500 Bs en el equipo y 80% consume menos de 55 Mb por día.

Esta última relación demuestra la precariedad y "consumo al día" de una gran mayoría de la denominada población internauta.

Según el lente con el que se mire, las brechas pueden ser enormes, incluida la brecha generacional. Hay factores estructurales de desigualdad socioeconómica persistente y también brechas digitales (42% de quienes NO son internautas declara no saber cómo usarlo u otros que no tiene acceso, servicio o costos, menos de 10%), mientras que el 64% del nivel socioeconómico bajo extremo no es internauta.

Un dato contundente de la encuesta: 93% de internautas habla castellano, en un país con la mitad de población indígena-originaria, la situación de exclusión digital a los pueblos indígenas está claro.

La inclusión digital no se logrará con la enorme desigualdad digital persistente y no abordada por el gobierno en estos años. La inclusión digital implica acceso, alfabetización digital (1 de 4 internautas no responde preguntas sobre velocidad contratada, sistema operativo, etc., 50% no sabe qué sistema operativo usa en su celular, etc.), focalizarse en quienes están fuera, o quienes tienen un “consumo free basics” empoderamiento de la sociedad civil, transparencia y rendición de cuentas públicas, etc.

foto: AGETIC

EJERCICIO de CIUDADANÍA y CONSUMO INFORMACIÓN



25 de septiembre de 2016

Reporte CEPAL: 5 aspectos clave hacia la inclusión digital en Bolivia


http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/40528/3/S1600902_es.pdf
Hace algunas semanas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó el Estado de la banda ancha en América Latina y el Caribe 2016 (libre descarga aquí). 

De extensión más bien breve (no más de 40 páginas), el documento nos actualiza en la situación del acceso, asequibilidad y uso del Internet y la banda ancha en la la región. 
"En el último quinquenio, se aceleró el avance de Internet en América Latina y el Caribe: 55% de sus habitantes usaron la red en 2015, 20 puntos porcentuales más que en 2010. La penetración de las conexiones en banda ancha también creció fuertemente, particularmente en la modalidad móvil, la que pasó de de 7% a 58% de la población."
Sin embargo, los desafíos son aún mayúsculos en términos de calidad y equidad en el acceso a la banda ancha e inclusive a Internet. Apenas el 5% de la región accede a una conexión de más de 15 Mbps (que sería un enorme lujo para Bolivia), así como enormes brechas urbano-periurbano-rurales y de concentración de penetración de Internet en el 20% más rico.

Resalto cinco aspectos de avance y tareas pendientes hacia la inclusión digital y democratización de la banda ancha en Bolivia.

1. Más acceso, calidad para unos pocos:
Si bien en Bolivia se estima que hay más de 6,6 millones de conexiones a Internet (dato de la ATT a diciembre 2015), la AGETIC concluye que el 40% de la población urbana y rural accede a internet.
Sin embargo, menos del 5% de los hogares del país tienen una conexión fija, siendo el grupo en la región con más rezago (junto con Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Paraguay).
Eso sí, en los últimos 5 años, Bolivia ha sido un de los países  de la región que proporcionalmente más conexiones domiciliarias ha aumentado (tecnologías de banda ancha móvil).

2. Más conexiones para quienes más tienen (y en la ciudades):
Las conexiones se siguen concentrando en los hogares con más ingreso. En Bolivia, como en Colombia, Ecuador, El Salvador, Perú y Paraguay, el aumento se concentró en los quintiles 4 y 5, siendo este último el que casi duplica conexiones. Es decir, el 20% "más rico" del país es que el más conexiones recibe.
Ahora bien, hay que aclarar que en ese "20% más rico" entran quienes tienen mucho dinero, la denominada "clase media" e incluso las personas con ingresos cercanos al salario mínimo.
En cuanto a la brecha urbano-rural, muy poco se ha avanzado desde el 2010. Los datos del informe aquí analizado señalan, cito, "En el Estado Plurinacional de Bolivia, El Salvador y Perú, el cambio en la penetración en las zonas rurales fue casi nulo, mientras que en las zonas urbanas en todos los países la diferencia nunca fue menor a 5 p.p." (página 15).



29 de agosto de 2016

Gran Bretaña y su "éxito" olímpico


Aún circulan muchas historias, crónicas, anécdotas y críticas sobre los XXXI Juegos Olímpicos celebrados en Río de Janeiro, la expresión máxima del deporte global que, como a mucha gente, me atrapó durante un par de semanas.

A no dudar, los Juegos Olímpicos también resultan ser un torbellino de chauvinismo injustificado o exacerbado, una avalancha de records y cifras que marean, persistente machismo, cosificación del cuerpo y varias desigualdades.

Sí, las olimpíadas reflejan muchas desigualdades. Desde quienes lucran millones con las emociones de muchos y el sacrificio de pocos, atletas que asisten por mérito, otros que no, atletas que tienen respaldo y quienes jamás reciben apoyo, quienes las disfrutan en las tribunas o incluso detrás de las pantallas, y las mayorías que quedan fuera de todo lo anterior.

Esta reflexión deviene de un interesante artículo de la periodista británica Janet Street-Porter sobre la otra mirada al "éxito del equipo británico", segundo en el medallero por encima de grandes potencias y el nuevo gigante asiático: China).  
Foto: Telegraph.co.uk

De ninguna manera se puede desmerecer el esfuerzo, profesionalismo y talento de esos atletas. No estamos juzgando a nadie. Las cuestiones clave son, ¿quiénes reciben el apoyo y la confianza para llegar y quienes quedan fuera? ¿Cuánto cuesta este "exito"? ¿Quién lo paga y con qué retorno?

Street-Porter afirma que a Gran Bretaña cada medalla le cuesta 5,5 millones de libras, 7,2 millones de dólares. Sí, una cifra astronómica con fondos públicos, recaudados de cada contribuyente.

La inversión olímpica se va en infraestructura, equipos, pagos -algunos muy altos- a atletas con potencial de podio olímpico, viajes, etc. contrastado con la otra cara: en promedio, 25 minutos de deporte a la semana en las escuelas para los niños, y la inversión sigue bajando año a año y se van cerrando centros deportivos comunitarios en las zonas más desventajadas del país (como en el norte, lejos de Londres).

Pero es no es toda la brecha. Los fondos están priorizados y dirigidos a las medallas. Las y los deportistas sin muchas posibilidades -a juzgar del comité olímpico y las autoridades británicas- ven reducidos o directamente cortados los recursos. 

¿De qué puede servir una política pública orientada al "éxito" y "orgullo nacional" a través de la TV
cuando el deporte se convierte en una cosa de unos pocos, de beneficio de unos pocos?

pictoline.com
Salvo excepciones individuales y, aparentemente ahora Brasil, toda América Latina está aún lejos de los grandes records y la disputa en el medallero, incluso Cuba bajó al modesto grupo de unas cuentas medallas con Argentina y Colombia.

Pero, ¿el "éxito" justifica la concentración de recursos? ¿Se trata de potenciar a "atletas de élite" o de masificar, popularizar y escalar en la práctica deportiva? 

Que debe haber apoyo al deporte olímpico y atletas con condiciones, sin duda, es un reclamo justo y asignación aún pendiente en la política pública de la mayoría de nuestros países. Lo  que la acción estatal no debe olvidar es que la práctica deportiva en buenas condiciones es un derecho y una necesidad. No es deseable ni tolerable que se genere una nueva brecha de desigualdad -de las tantas que ya persisten y se reproducen.

28 de octubre de 2014

Abigail, el rostro de la #desigualdad y las tareas pendientes en Bolivia


Los avances de Bolivia en reducción de desigualdad y pobreza son remarcados por organismos internacionales y foros globales.

Datos de la CEPAL para Bolivia (2012) muestran que la pobreza se redujo de 63% el 2004 a 36,6% al 2012 mientras que la pobreza extrema, en el mismo periodo, se redujo de 35% al 19,8%. 

Esto significa, en términos más tangibles pero aún generales, que en los últimos 8 años 2,6 millones de bolivianos pasaron de (sobre)vivir con de 2 dólares al día a 4 dólares al día. Es decir, de 420 Bs a 840 Bs al mes.

Por otro lado, siguiendo al GINI, el indicador global sobre la desigualdad, la misma CEPAL indica que Bolivia  (datos al 2013) redujo en 13.3% la desigualdad en la última década. Somos, sólo detrás de Perú, el país que más redujo desigualdad.

Antes de cualquier consideración quisiera compartir esta conversación que tuve con Agibail, madre de 6 niños, riberalteña casada con un indígena Tacana y ahora viviendo en la comunidad Trinidacito del municipio de San Lorenzo (Pando), una comunidad del multiétnico habitada por Tacanas, Ese Ejas y Caviñenos que no aparece en el Google.

Abigail no recibe salario, no recibió el bono Juana Azurduy por su recién nacida en brazos durante la entrevista. No tiene agua potable ni energía eléctrica. Sus hijos van a la escuela rural y hay una posta apenas a 100 metros de su casa lo cual ella considera un avance. Agibail me confirma que hay violencia contra las mujeres y que no hay igualdad, aunque sí justicia comunitaria. Así viven aún millones de bolivianas/os:


La subida sostenida del salario mínimo (engañoso porque el 60% de la población está en el sector informal), la transferencia condicionada de bonos (Juancito Pinto, Juana Azurduy) y la renta dignidad sumada a la renta solidaria, impactan directamente en los datos que presenté al principio.

Un avance significativo, insisto.

El problema es que son datos muy generales. La gente siente y vive el cambio, sin duda, aunque estos avances ni han llegado a todos ni están cambiando la vida de todas y todos de manera sostenible. Como a Abigail.

De hecho, las transferencias de recursos provenientes del gas y otras industrias extractivas son el ingreso que permite financiar este avance mientras la economía sigue muy débil y los medios de vida de los más pobres comprometidos.

Bolivia sigue siendo uno de los países con mayor mortalidad materno-infantil de la región. La calidad educativa y de salud son precarias mientras que la seguridad social de corto y largo plazo (seguro médico y laboral, y pensión o jubilación) son "lujos" del 20 por ciento de la población (ni hablemos que éstos sean de calidad o suficientes para una vida digna).