En una perspectiva histórica, los cambios tecnológicos de los últimos dos siglos han sido asombrosos, sin embargo vivimos un momento de incertidumbre equidistante a la velocidad del poder de la tecnología. José María Lassalle (escritor de El liberalismo herido) nos habla de una pérdida del rumbo, “estamos aturdidos ante el espectáculo de tanto poder y tanta incapacidad de gestionar adecuadamente este poder”.
Las grandes empresas tecnológicas, en buena cuenta, se sustentan en ideas cercanas a Alex Pentland (2011 y antes): desde una visión “hiper sistémica”, se auto atribuyen la capacidad de ser el “sistema nervioso” de la sociedad, poder regir desde los sistemas de provisión de servicios básicos, el transporte, las elecciones y por supuesto, el comercio y la publicidad.
El "terremoto" político vivido entre octubre y noviembre de 2019 tuvo en la "tuitosfera boliviana" un terreno relevante de disputa de sentidos y narrativas. Con este post continúo la serie "Twitter boom" en Bolivia, esta vez sobre los datos en cuentas de medios de Bolivia.
En los últimos 3 años, las cuentas de medios de Bolivia en Twitter habían tenido un marcado estancamiento de audiencias. Entre fines de octubre y noviembre, esa tendencia se ha revertido, al menos de manera temporal.
El gráfico anterior es categórico, con el subidón de noviembre, el 2019 se convierte en el año con más nuevos seguidores desde que se realiza este registro, mientras que el siguiente gráfico muestras el número neto de nuevos seguidores acumulados en los últimos 5 años.
La crisis política de octubre y noviembre en Bolivia ha provocado giros en el curso político y ha abierto las puertas a una reconfiguración de la representación y el poder en Bolivia.
El conflicto pos electoral con la denuncia de fraude, la renuncia de Evo Morales a la presidencia, los oscuros días del vacío de poder y la sucesión, hasta la escala del conflicto tras dicha sucesión, dejó casi 40 personas muertas, centenares de heridas y detenidas. Al mismo tiempo, abrió una amplia brecha de polarización y exacerbación de sentimientos entre la sociedad, que nos conduce a un nuevo proceso electoral en los siguientes meses.
Con este, abro una serie de posts en el blog sobre el efecto de este "terremoto" político en la "tuitosfera boliviana". Las distintas series de datos demuestran cómo esta plataforma de mensajes breves se constituyó en un campo más de disputa de sentidos y narrativas con un flujo enorme de atención y escalada entre octubre y noviembre.
Comienzo la serie con datos de cuentas de figuras políticas, quizá el campo de mayor "explosión" de seguidores y atención durante las fases y giros del conflicto.
El primer gráfico muestra la dimensión de atención -expresada en nuevos seguidores- a cuentas de políticos de Bolivia durante la crisis política de octubre y noviembre.
Durante el curso del 2019, el registro de nuevos seguidores es bastante equivalente entre cuentas de medios y políticos. En el registro de seguidores a cuentas de políticos de octubre ya se comienza a ver un alza importante, casi 3 veces más respecto de septiembre, mientras que en noviembre hay una salto de 12 veces el registro del mes anterior.
Hace algunas semanas la revista Poder y placer me pidió comentar el resultado de dos encuestas sobre uso y penetración de redes sociales en Internet y confianza del público en medios en Bolivia.
La revista no tiene versión online ni tampoco presta atención a canales en Internet. Comparto a continuación mi comentario y al final la opción de descargar las encuestas.
La encuesta se aproxima a otros estudios de alcance y uso en redes sociales en Internet, como
la encuesta nacional de opinión sobre tecnologías de comunicación e información de la
AGETIC, confirmando que 7 de cada 10 personas del eje central del país usa Facebook o
WhatsApp.
Asimismo, la encuesta devela con claridad un uso masivo de jóvenes menores de 25 años por
Facebook y el servicio de mensajería por internet, 90%. Aunque su popularidad se extiende con
fuerza a adultos menores de 40 años (75%). En este mismo punto, conviene destacar que una
mitad de adultos mayores entre 40 y 65 años usa WhatsApp y un 40% de esta misma franja
etaria usa Facebook.
Una campaña pública busca impactar en políticas públicas, ideas, creencias o prácticas con un propósito estratégico, vale decir, un objetivo concreto de cambio en la sociedad, en las relaciones de poder o en las decisiones del mercado o el Estado.
Por lo general, al hablar de campañas el imaginario se sitúa en campañas electorales. Claro, las elecciones son los momentos más evidentes de campaña, aunque en la práctica estamos expuestos a innumerables campañas de toda índole.
Una campaña busca moldear la comprensión de un asunto o el comportamiento hacia un resultado deseable en la sociedad. Parte de un problema o un cambio deseado -mientras más claro y preciso, mejores condiciones de éxito-, transita por una teoría de cambio y aterriza en mapa de actores y de poder. De este proceso se deriva en una estrategia. Por lo tanto, no existe un "manual de campañas", un texto "paso a paso" que sea lineal.
Una campaña, si resuelve ser "pública" (también puede optarse por el lobby, el cabildeo u otros métodos de persuasión) puede usar múltiples recursos o canales: medios tradicionales, los denominados ATL o BTL, instalaciones públicas, Redes Sociales, movilizaciones, alianzas y una serie de acciones comunicacionales alternativas o disruptivas. La premisa siempre es generar resultados concretos, con audiencias concretas, en el lapso de un tiempo determinado.
Eso sí, las campañas deberían estar sustentadas por evidencia, investigación científica, datos sólidos y propuestas tangibles que conduzcan a cambios deseables en la sociedad. Las campañas siempre son políticas, incluso si buscan cambiar comportamientos o creencias, al desafiar imaginarios o relaciones de poder se instalan en la micropolítica.
Con este breve post arranco un ciclo de análisis y discusión de campañas e influencia pública que espero sirva para comprender y actuar con mayores recursos, rigor y precisión, para promover cambios y progreso social.
Comparto un gran ejemplo de campaña (disculpen, está en inglés). Quizá algo distante para la mayoría de las personas, pero justamente por eso muy bien logrado: https://autonomousweapons.org/
Me encantó el uso de una narrativa común: un noticiero, una presentación de "innovación tecnológica" (esas que ahora atrapan la atención mediática de lanzamientos de teléfonos y cosas así) y el desarrollo de una historia -hay que contar historias- que te engancha, que busca primero tus emociones. La evidencia, la parte racional, llega al final. Miren:
el Gran Poder es una mezcla compleja de demostración de devoción y fe, de talento y apego a la danza, pero ante todo una reafirmación de las jerarquías sociales en función al poder de la acumulación.
así, veo al Gran Poder como la síntesis de un proyecto de poder económico (comercio, burguesía popular) que se basa en la fastuosidad y la demostración, en la música y en la "moda chola", reproduce la sensualidad aunque de manera contradictoria nace y existe en la devoción al Señor del Gran Poder.
Esta fiesta es la plataforma perfecta para la acumulación. Acumulación económica, política y simbólica. Caldo perfecto para políticos, presentadores de TV, modelos, empresarios, artistas pop y no tan pop.
Global Voices (http://es.globalvoicesonline.org/)es "una comunidad de más de 500 bloggers y traductores de todo el mundo que trabajan juntos para traerle informes de blogs y medios ciudadanos de todas partes, con énfasis en las voces que no son escuchadas habitualmente en los principales medios internacionales".
Global Voices son personas conectadas, no sólo a través de internet, sino ante todo a partir de principios como la colaboración, el voluntariado, la multiculuralidad y el plurilingüismo, el compartir información buscando contribuir a opiniones más constructivas y críticas, pero también la pluralidad respetando sustancialmente que no todos pensamos igual.
Carmen Soliz, historiadora, politóloga, doctorante y ultradedicada investigadora, ha publicado en la revista Nueva Sociedad N° 238 (que se puede descargar desde aquí) El otro rostro de América Latina. En diálogo con \"La emergencia indígena en América Latina\", de José Bengoa.
Carmen entabla un diálogo con el texto de José Bengoa partiendo del estado del arte y los orígenes discursivos de los movimientos indígenas contemporáneos en Latinoamérica.
El texto afirma que el discurso más campesino y agrario en los años 60 y 70 -al que añadiría una búsqueda de la identificación en tanto clase social- pasando a un "una lucha en sentido ecologista", en lo que Carmen denomina "una nueva discursividad de carácter híbrido".
Carmen apela a su habilidad crítica más allá de lo descriptivo y, concentrando la mirada en la Región Andina, propone:
una valoración más crítica de la emergencia de identidades de ayer y hoy, y es preciso repensar lo que afirma y lo que olvida cada una de ellas. ¿Qué proyectos políticos y qué tipo de sociedades fueron imaginados a partir de diferentes perspectivas? ¿Quiénes están incluidos y quiénes excluidos? ¿Cómo se incluyen las personas y las comunidades en estos proyectos? [p. 132]
Artículo publicado en la separata del Aula Libre en Página Siete, el sábado 23 de abril de 2011.
Eventos recientes alrededor del planeta, como las aún persistentes protestas y cambios de régimen en el Medio Oriente o el devastador terremoto en Japón y el posterior desastre nuclear en Fukushima, han ocupado con particular énfasis la atención de la audiencia a escala global. El flujo de información ha sido fuertemente dinamizado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTICs), impulsadas
además por las Redes Sociales en internet, Fenómeno también evidente en Bolivia.
Ahora bien, en el marco del análisis de tales acontecimientos desde nuestro país, ejercicio que se limita en la mayoría de los casos, al acceso a información a través de corporaciones de medios internacionales, cabe preguntarse sobre la construcción del mensaje/discurso que se reproduce y su relación con el juego de poder tanto a escala global como en dinámicas dentro del país.
Dinamita en mano, los mineros irrumpieron estruendosos la semana pasada las calles de la cede de gobierno, una vez más. No fueron los únicos, a los combativos trabajadores de las entrañas de la tierra se sumaron estudiantes de la UMSA, trabajadores de la CNS, fabriles y maestros, cada quien con su porción de descontento, reactivando así un mecanismo de acción política sistemático muy bien conocido y ejercido en Bolivia: la protesta en las calles.
Hubo gases lacrimógenos, enfrentamiento con la policía, bloqueos, caos vehicular, en fin, todo aquello que las y los paceños durante más de una década bien podíamos atribuirle como parte del folclore urbano.